El Diario de un Asesino

     Amaneció en su cuarto como todos los días, se alistó para ir al trabajo y salió de su cuarto para encontrarse con la misma solitaria casa que encuentra todos los días. No desayuna y entra a su carro; sin saludar a nadie se va hacia el edificio en donde trabaja. Llega a su oficina, una de las mejores en todo el edificio, pasa los pasillos sin decir una sola palabra a pesar de que las personas lo saludan. No tiene ni diez minutos de haber llegado cuando su jefe con un tono prepotente llega a decirle cosas que él ni siquiera presta atención, sólo puede pensar en lo desagradable que es oírle hablar, verle su espantosa y grasosa cara, escuchar su grotesca voz y lo vulgar de su vestimenta.

Cuando termina de hablar, él asiente con la cabeza sin decir nada, haciendo como si le había prestado atención a cada molesta palabra que había pronunciado.  Él se queda furioso, le había arruinado su tranquilidad, su silencio, su soledad.  Sólo  pensar en cómo es que esa persona había llegado a un puesto superior al de él lo atormentaba, lo destrozaba, le mataba su ego.  Pasa un día tormentoso pensando en esto. Al llegar la noche, sale de su oficina, horas después de que todos han salido.  Al llegar se encuentra con la misma solitaria casa que dejó en la mañana y que suele encontrase todas las noches.  Después de estar trabajando en la computadora unas cuantas horas, decide irse a dormir.  Al acostarse no le es fácil dormirse, se despierta, tiene pesadillas o a veces simplemente no puede dormir.  En lo único que puede pensar es en el despreciable de su jefe.  Al fin logra conciliar el sueño.  Al otro día regresa a su insignificante e intrascendente vida.

 

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